miércoles, 9 de junio de 2010

¿La dualidad es una realidad?, Eva Monroy Ojeda

¡Gracias a Dios por ser mujer!
¡Gracias a Dios por ser cristiana!
¡Gracias a Dios por ser mexicana!
Cada vez que leo la Biblia le pido a Dios que me de inteligencia y sabiduría para conocer más, éste conocimiento me convierte en una mujer humilde y responsable, ya que lo más importante es lo que sale de mí. Desde cuando el hombre como género se ha vuelto juez y a la vez parte en la toma de decisiones: Al decidir que las mujeres no deben participar en el ministerio, liderazgo y consecuentemente en su ordenación. Si la respuesta la tenemos en la propuesta del Reino de Dios de Jesucristo al incluir, a todos en igualdad, equidad y justicia sin discriminación de género, clase social, estado civil o actividad laboral. En la Biblia Dios nos enseña su inmenso amor a través de la gracia, “...porque todos somos uno en Cristo Jesús” Gál 3:28. Lo único que tenemos que hacer es aceptar este regalo con humildad en el corazón.
La toma de decisiones de los líderes varones en las Iglesias va encaminada a creer que tienen la voluntad de Dios, sin embargo, realizan su propia voluntad, mediando intereses económicos, políticos, culturales y sociales, dejando a un lado la voluntad de Dios y la propuesta del Reino de Dios, de igualdad y equidad, anunciada por nuestro Señor Jesucristo, la que llevó a la acción misma, como está escrito en los evangelios.
Por principio Dios nos dio la libertad en su sentido total. Dios no ha mostrado su poder, su amor, su gracia para continuar siendo esclavos, con ataduras que nos asfixian y al final matan la esperanza y aniquilan al espíritu. Dios nos ha mostrado su poder, su Gloria, su Amor, su Gracia en su totalidad, no a medias, no partido, ¡por favor! No hagamos a Dios mínimo, insignificante e inmisericordioso, lleno de odio y rencor, no lo llevemos al grado humano, llevémosle como es Él, Dios soberano, todopoderoso, omnipresente, omnisciente, a este nivel, su nivel.
Me permitiré realizar las siguientes preguntas: ¿quién les ha otorgado a los hombres como género que son los herederos de la gracia y de la verdad?; ¿quién les ha dicho que solo ellos pueden estar parados frente al púlpito y predicar el evangelio?; ¿quién les ha dicho que solo ellos pueden llevar las buenas nuevas? y ¿quién les ha permitido tanta soberbia? La respuesta la tenemos en el mismo Señor Jesús en su estancia en la tierra, al mostrarnos su humildad y obediencia al padre. También con autoridad vino a que se cumpliera la Ley, no la Ley de los hombres sino la Ley de Dios. Entonces, siguen las preguntas ¿Quién les ha dicho a los hombres -como género- que sólo ellos pueden tener el privilegio de ser hijos de Dios? Les pido por favor que lean los evangelios donde nos muestra como el Señor Jesús, durante su ministerio fue acompañado por los desprotegidos, los necesitados, los marginados, las mujeres a las que enseñó y discipuló entre ellas, su madre, hermanas (Marcos 6:3), Martha y María (hermanas de Lázaro), a la Samaritana (Juan 4:19-42), María Magdalena y muchas más. ¿Quién les ha dicho a éstos hombres que este privilegio es exclusivo de ellos?
Cuando nuestro Señor Jesús Resucitó primero se aparece a María Magdalena dándole el mandato “mas ve a mis hermanos, y diles…” (Juan 20:17). En este mandato le está otorgando la potestad de ser llamada hija de Dios, discípula y predicadora para anunciar las “Buenas Nuevas” y la propuesta del “Reino de Dios” sin discriminación tratándonos como hermanos y hermanas ayudándonos mutuamente. Jesús, el Cristo vino a romper esquemas, llevó un movimiento de renovación, con el anuncio de las “buenas nuevas” sin exclusión, rompiendo con las Instituciones sociales y religiones centrales: templo y la ley, nos exigió una transformación profunda del ser hermano en su relación con Dios, la que debe de manifestarse en el amor fraterno, en igualdad y solidaridad. Por tal motivo, el templo y la ley deben estar en función de la dignidad e igualdad de todo ser humano. Si la ley excluye no tiene valor y está alejada de la voluntad de Dios.
Las modificaciones que han realizado en la Constitución General de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, A.R. principalmente en los artículos 76, 81 y 83, son excluyentes, privativas: “exclusivo de los varones”, misóginas, retrogradas, y se encuentran a mas de 2000 años ( la mujer en los tiempos de Jesús estaban en la marginación total). Estas modificaciones se contrastan con otra realidad, en la que vivimos día a día las mujeres. Si soy profesionista: abogada, arquitecta, maestra, astronaúta, ingeniera, médica, contadora, Ministra en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Ministra de música, investigadora, etc., etc., etc.; O me dedico a las labores en el hogar, y no por el hecho de no haber tenido la oportunidad de realizar un grado académico, se ha participado de manera activa en la vida productiva del país. Todos tenemos obligaciones pero también derechos y por ser mexicana y sin importar mi condición económica, profesional, social, cultural o estado civil; la Carta Magna (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos) que nos rige a todos, me otorga los derechos y garantías individuales de igualdad, equidad, justicia y en cualquier momento, cuando han sido violados estos derechos y garantías, quitados, anulados u olvidados, puedo apelar para defenderlos. ¿Por qué? como mexicana si puedo apelar, luchar y defender mis derechos amparados en la Constitución Política. Y ¿por qué? como mujer cristiana no puedo apelar, cuestionar y defender mi derecho que por el solo hecho de ser hija de Dios, hecha a su imagen y semejanza y lo mas trascendente es que Jesús, el Cristo ya me perdonó, me quitó todas las cadenas y me ha dado el privilegió de llevar a la acción misma, “la gran comisión de llevar las buenas nuevas”, como está escrito en la palabra de Dios -La Biblia- de ser heredera de la gracia. Sin embargo, nuestros líderes varones en la Iglesia Nacional Presbiteriana quieren borrar, aniquilar y olvidar este privilegio, no otorgado por los hombres, sino por nuestro Redentor y Salvador: Jesús, el Cristo. Tampoco entiendo por qué permiten estos líderes varones que las mujeres (excluidas, olvidadas y marginadas), diezmen con el dinero fruto del trabajo arduo hasta mas de l0 horas, continuando con el trabajo en el hogar, en la comunidad y en la misma Iglesia, si es exclusivo del varón el ser proveedor (lo que nos han dado a entender) y hacen mucho énfasis los líderes varones en las Iglesias.
En el Antiguo Testamento tenemos muchos ejemplos de mujeres que profetizaron, siendo líderes y liberaron a su pueblo como Débora (Jueces 4:4-24).O como Ester, que siendo ella de cuna humilde, llego a ser la esposa del rey Asuero, pudiendo así salvar a judíos inocentes. (Est. 2:1-8:15) En la actualidad, he conocido a mujeres que han escuchado el llamado y seguido a Jesús, el Cristo, llevando el mandato de compartir “Las Buenas Nuevas”, comprometidas y fieles en la propuesta que marcó nuestro Señor Jesús, el Cristo, del Reino de Dios, como los hicieron en su tiempo: Lidia (Hechos 16:13-l5); Priscila (Hechos l8: 1-3) y Febe (Romanos 16:1). La lista de mujeres es interminable, mencionaré a las que les he conocido su trabajo, compromiso, esfuerzo, amor como: Josefina, Noemí, Miss Love, Arelí, Martha, Judith, Ana, Rebeca, Elsa, Alma, Claudia, Victoria, Átala, Sara, Angeles, Silvia, María Elena, Aíde, Elizabeth, … mujeres comprometidas en el movimiento de Jesús, el Cristo.
Por lo anterior, quiero que me expliquen los varones que está pasando, me dirijo a los líderes de la Iglesia Presbiteriana en México, si seguimos con el doble mensaje, la doble moral, el doble liderazgo o todo lo anterior es tan sólo dualidad.
Octubre de 2003
Este documento se realizó como respuesta a la decisión del Consistorio en una Iglesia Presbiteriana de la Ciudad de México, donde me congregaba, de no aceptar que se eligieran diaconisas en Reunión Congregacional programada para elección de Diáconos y Ancianos Gobernantes en septiembre 2003, argumentando que la Iglesia no estaba preparada, La Iglesia en referencia tenía mas de 50 años de haberse constituido. El Presbiterio al que pertenecía esta Iglesia había dado la apertura a este liderazgo en agosto de 2003, firmando de conocimiento y aceptado por el consistorio de la Iglesia en cuestión. Texto revisado y actualizado el 1 de julio de 2008.

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